BLOGUE DA ALA DOS ANTIGOS COMBATENTES DA MILÍCIA DE SÃO MIGUEL

domingo, 12 de fevereiro de 2017

Poderia surgir uma «Antimaria» similar ao Anticristo que as Sagradas Escrituras anunciam?


Según la autora, de existir la «Antimaría sería así:
esas mujeres no le darían importancia a los niños.
Serían obscenas, vulgares e iracundas»

ReligiõnenLibertad, 11 de Fevereiro de 2017

Al igual que tanto las Escrituras como los Padres de la Iglesia hablan claramente de la existencia del Anticristo que llegará al final de los tiempos ahora surge también la hipótesis entre los expertos de la posible llegada también de una «Antimaría». Esta tesis es planteada por Carrie Gress en un artículo que recoge Cary Filii News:

Carrie Gress, madre de cuatro hijos a quienes educa en régimen de homeschooling, doctora por la Catholic University of America y profesora de Filosofía en la Pontifex University, abre esta posibilidad Sus colaboraciones han aparecido en los principales medios católicos de referencia en Estados Unidos (entre ellos Aleteia, New Advent, Zenit, EWTN Radio y The National Catholic Register), y ha escrito obras de apologética, como Conversiones a empujoncitos. Una guía práctica para que tus seres queridos vuelvan a la Iglesia; sobre temática familiar, como El gran cambio de imagen: el poder transformador de la maternidad; y, con George Weigel, uno de los principales biógrafos de San Juan Pablo II, Ciudad de Santos. Una guía del peregrino a la Cracovia de Juan Pablo II.

En mayo de este año, Carrie publicará en Tan Books su primera obra específicamente consagrada a la Virgen: La Opción Mariana: la solución de Dios para una civilización en crisis. Preparando esta obra, explica en un artículo en The National Catholic Register, estudió a fondo la idea, tan presente en los Padres de la Iglesia al explicar la Redención, de María como la Nueva Eva, complemento de Cristo como el Nuevo Adán. «Esto me hizo pensar», explica: «Si hay un Anticristo, ¿hay quizá un complemento, una Antimaría?».

«Serían todo lo que María no es»

Gress recuerda que la idea de Anticristo no es sólo la de una persona, sino también la de un movimiento de personas a lo largo de la Historia. ¿Cómo sería entonces esa «Antimaría», de existir? «Esas mujeres», contesta, «no le darían importancia a los niños. Serían obscenas, vulgares e iracundas. Se rebelarían contra la idea de cualquier cosa parecida a una obediencia humilde o al sacrificio por los demás. Serían quisquillosas, frívolas, rencorosas y excesivamente sensuales. También serían egocéntricas, manipuladoras, cotillas, inquietas y ambiciosas. En breve: serían todo lo que María no es».

Carrie no duda de que estamos asistiendo ya a una época de estas características: «El enfoque sobre la maternidad es uno de los primeros signos de que estamos ante un nuevo movimiento. Las madres (tanto las espirituales como las biológicas) son un icono natural de María: ayudan a los demás a saber cómo es María con su generosidad, su paciencia, su compasión, su paz, su intuición, su capacidad para alimentar las almas. El amor de María (y el amor de las madres) ofrece una de las mejores imágenes de cómo es el amor de Dios: incondicional, sanador y profundamente personal».

La desaparición en las mujeres reales del ícono de María

Pero este icono de María «ha ido desapareciendo sutilmente en las mujeres reales» durante las últimas décadas: «Primero con la píldora, y luego con la llegada del aborto, la maternidad ha caído en una trituradora. Se ha convertido en algo prescindible, hasta el punto de que la cultura dominante asiste sin pestañear a la adopción de un niño por dos hombres».

María es un ejemplo de dignidad y un verdadero
referente para las mujeres y jóvenes de hoy
Todas las culturas hasta ahora a lo largo de la Historia, recuerda Gress, consideraron que «una madre es decisiva (incluso en su imperfección) para alcanzar una edad adulta saludable y madurez espiritual», y «ninguna cuultura puede renovarse sin madurez espiritual». La realidad triste de las personas que han crecido sin madre «no hace sino fortalecer el argumento de que los niños necesitan madres». Y de hecho coincide esa devaluación actual de la maternidad con un auge sin precedentes de «traumas emocionales y mentales y rupturas».

Y lo que se consideran «progresos de las mujeres» no parecen haberlas hecho más felices, sostiene, a juzgar por el crecimiento entre ellas de las tasas de divorcio, índices de suicidio, casos de abuso de alcohol y drogas o problemas de ansiedad y depresión.

María, fuente de dignidad e igualdad de la mujer

Si «nuestra cultura tiene una deuda de gratitud con el catolicismo por la noción radical de que las mujeres son iguales a los hombres», fue gracias a la Virgen María, recuerda Gress. No vino de los griegos, que consideraban a las mujeres como «hombres deformes»; ni del judaísmo, donde nunca hubo un movimiento de reivindicación femenina; ni, obviamente, del islam.

Esto decía William Lecky (1838-1903), un pensador irlandés racionalista y no católico, sobre esta verdad histórica hoy olvidada: «Dejó de ser esclava o juguete de los hombres, dejó de estar asociadas a la idea de degradación y sensualidad. La mujer, en la persona de la Virgen Madre, se elevó a una nueva esfera, y se convirtió en objeto de un tributo reverencial. Nació un nuevo tipo de carácter, se fomentó una nueva forma de admiración. En una era dura, ignorante e inculta, este tipo ideal infundió una idea de mansedumbre y purza desconocida para las más orgullosas civilizaciones del pasado».

La idea de igualdad pudo arraigar, añade Carrie, porque «María le dio la vuelta a los pecados de Eva».

Los errores del «antimarianismo»

¿Qué nos encontramos hoy, cuando la cultura dominante rechaza ese modelo que fue María en tiempos cristianos? Las mujeres quieren igualdad y respeto, pero para conseguirlos «no siguen la gracia de María, sino los vicios de Maquiavelo: la rabia, la intimidación, la irritación, el acoso. Este impulso agresivo hace que haya quien se enorgullezca de considerarse ‘canalla’, o se sienta ‘empoderada’ vistiéndose como una vagina, o crea que un hijo es algo que te destroza la vida».

«El antimarianismo tiene un auténtico monopolio sobre nuestra cultura», lamenta Carrie: «Casi no hay alternativas en la plaza pública en las que pueda contemplarse una joven. Les quedan pocos modelos. Los titulares de los periódicos y las estrellas de Hollywood le dictan a millones de mujeres y chicas cómo pensar».

Carrie Gress es madre de cuatro hijos y profesora universitaria
Por supuesto que lo mismo sucede con los hombres, a quienes, como sostiene el obispo auxiliar de Los Ángeles, Robert Barron, «se les está robando una adecuada comprensión del eros, ese tipo de amor animado por la belleza y la bondad, eliminado y sustituido por una forma burda de eroticismo».

«Cuando un hombre ama a una mujer», decía el arzobispo Fulton J. Sheen (1895-1979), «cuanto más noble es la mujer, más noble es el amor; cuanto más exige la mujer, más respetable debe ser el hombre. Por eso la mujer es la medida del nivel de nuestra civilización».

Volver a la fuente

«El diablo sabe», añade Carrie, «que todos los signos distintivos de la ‘antimaría’ (rabia, indignación, vulgaridad y orgullos) anulan los grandes dones de la mujer: sabiduría, prudencia, paciencia, paz serena, intuición y la capacidad para una profunda relación con Dios. A cambio, promete poder, fama, fortuna, respeto y placeres rápidos y estériles. Y, como Eva, las mujeres del movimiento antimariano siguen cayendo en sus mentiras».

La solución a este problema, concluye Gress, es «volver a la fuente, regresar a la mujer por medio de la cual toda mujer se dignifica. Por fuerte que sea el movimiento antimariano, María sigue siendo la mujer más poderosa del mundo».





Um enigma chamado Bento XVI



Leandro Bonnin, Ite inflammate omnia, 10 de Fevereiro de 2017

El sábado 11 de febrero se cumplen 4 años de la renuncia de Benedicto XVI. Desde entonces el Papa emérito ha permanecido casi completamente en silencio, dedicado a la oración por la Iglesia.

De entre sus apariciones públicas y sus declaraciones o escritos – que no han sido demasiados – ocupa un lugar por demás importante lo escrito para una publicación sobre Juan Pablo II, con ocasión de su canonización.

Allí señala que, para él, los textos magisteriales más importantes fueron los siguientes:
  • la «Redemptor hominis» de 1979, en la que el Papa «ofrece su síntesis personal de la fe cristiana», que hoy «puede ser de gran ayuda para todos lo que están buscando»;
  • la «Redemptoris missio» de 1987, que «resalta la importancia permanente de la tarea misionera de la Iglesia»;
  • la «Evangelium vitae» de 1995, que «desarrolla uno de los temas fundamentales de todo el pontificado de Juan Pablo II: la dignidad intangible de la vida humana, desde el primer instante de su concepción»;
  • la «Fides et ratio» de 1998, que «ofrece una nueva visión de la relación entre fe cristiana y razón filosófica».
No hay que ser muy perpicaz para darse cuenta de que estos documentos se ocupan de temas sumamente relevantes. Ni es necesario ser muy lúcido para descubrir que en varios aspectos cada una de estas temáticas ha sido minimizada, relativizada o al menos enormemente atenuada – vuelvo sobre ello más adelante –.

Luego de esas suscintas referencias a las encíclicas, Benedicto se extiende un poco más sobre otros dos documentos: Veritatis Splendor y Dominus Iesus.

Y los destaco, porque me parece muy notable como el 2017 parece haberse iniciado con el ataque frontal a aquellos dos textos.

La primera está siendo contestada de una forma tan frontal que asusta. Redactada sobre el entramado del diálogo de Jesús con el Joven Rico, en continuidad con el Catecismo, redime los «Diez Mandamientos» de una apreciación negativa injustísima, que hoy parece estar nuevamente de moda. Las fundamentaciones con que algunas conferencias episcopales u o bispos de diócesis puntuales justifican la comunión de quienes viven en adulterio parecen sacadas textualmente de las doctrinas que aparecen en Veritatis Splendor… condenadas.

La relativización de la necesidad de la misión, la justificación de la apostasía en prestigiosos y cuasi oficiales medios católicos, los compromisos con el judaísmo en detrimento de la plena unidad católica, la lectura del Corán en reuniones «católicas» – no me atrevo a llamarlas celebraciones, la exaltación de Lutero como testigo del Evangelio, las propuestas y pedidos de intercomunión, el hecho de que con toda naturalidad se hable de iglesias refiriéndose a comunidades luteranas o protestantes – lo que implica una negación o distorsión del concepto de «Iglesia», constituido enteramente sobre el sacramento del Orden y la Eucaristía como actualización de la Pascua – significan una negación y contestación de hecho a aspectos nucleares de la Dominus Iesus.

Y aunque sea menos perceptible, en las actitudes contrarias a ambos documentos hay en la base una negación de otro de los documentos señalados como más relevantes: Fides et Ratio. Porque, por un lado, hay un discurso irracional, por el cual se nos quiere convencer de que en sus propuestas todo sigue igual siendo enteramente distinto. Que no hay cambios cuando los cambios son evidentes. Que hay una continuidad completa cuando la ruptura es absolutamente clara. Se está negando uno de los fundamentos del ejercicio de la razón: el principio de no contradicción, sin el cual la realidad se vuelve ininteligible. Se niega, por otra parte, la capacidad metafísica de la inteligencia, de tal modo que van desapareciendo las referencias a la «naturaleza humana». como un vestigio de tiempos ya superados. La fe, en estos planteos, ya no aparece como la respuesta al Dios que se revela. Ya no es el acto de aquel que, oyendo, y movido por la gracia, da su asentimiento a la Palabra y al que la y se pronuncia. La fe es puro constructo humano, y la Revelación no es ya un hecho trascendente, irrupción de lo eterno e inmutable en la historia. Por lo tanto, la «doctrina» – nueva malapalabra – y la praxis eclesial son un modelo para armar, completamente ajustable y camaleonizable con el contexto vigente.

Dicho esto, y volviendo al inicio, confieso que el enigma de la renuncia de Benedicto XVI se vuelve aún más grande, al menos para mí. ¿Qué pensará realmente, más allá de lo que pueda o decida decir o callar? ¿O habrá cambiado radicalmente su manera de pensar, en la cumbre de sus días?

No lo sé ni puedo saberlo, y quizá no lo sepa nunca. Lo que sí intuyo es que detrás de todo hay un misterioso designio divino, que incluye también los errores y prevaricaciones humanas.

Si bien pueden encontrar los textos en este artículo de Infocatólica de 2014, los transcribo nuevamente aquí para favorecer su lectura.

E imploro Domino Iesu que su Esposa, la Iglesia, no se deje encandilar por el anhelo del aplauso, por la necesidad de la aprobación del mundo, sino que continúe fiel a su misión de hacer resplandecer en el mundo Veritatis Splendor.


Sobre Veritatis Splendor

La encíclica sobre los problemas morales, la «Veritatis splendor», ha necesitado muchos años de maduración y su actualidad sigue siendo inmutable.

La constitución del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, frente a la orientación prevalentemente iusnaturalista de la teología moral de la época, quería que la doctrina moral católica sobre la figura de Jesús y su mensaje tuviera un fundamento bíblico.

Esto se intentó mediante alusiones solo durante un breve periodo. Después se fue afirmando la opinión de que la Biblia no tenía ninguna moral propia que anunciar, sino que reenviaba a los modelos morales periódicamente válidos. La moral es cuestión de razón, se decía, no de fe.

Desapareció así, por una parte, la moral entendida en sentido iusnaturalista, pero en su lugar no se afirmó ninguna concepción cristiana. Y puesto que no se podía reconocer ni un fundamento metafísico ni uno cristológico de la moral, se recurrió a soluciones pragmáticas: a una moral fundada sobre el principio del equilibrio de bienes, en el que ya no existía lo que es verdaderamente mal y lo que es verdaderamente bien, sino solo lo que, desde el punto de vista de la eficacia, es mejor o peor.

La gran tarea que Juan Pablo II hizo en esa encíclica fue la de encontrar nuevamente un fundamento metafísico en la antropología, como también una concreción cristiana en la nueva imagen de hombre de la Sagrada Escritura.

Estudiar y asimilar esta encíclica sigue siendo una obligación de grandísima importancia.


Sobre Dominus Iesus

También aquí quisiera poner un ejemplo. Frente a la tormenta que se había creado entorno a la declaración Dominus Iesus me dijo que durante el ángelus pretendía defender sin equívoco el documento. Me invitó a escribir un texto que fuera, por así decir, hermético y no permitiera ninguna interpretación diversa. Debía emerger de forma del todo inequívoca que él aprobaba el documento incondicionalmente.

Por tanto, preparé un breve discurso; no pretendía, sin embargo, ser demasiado brusco y así intenté expresarme con claridad pero sin dureza. Después de haberlo leído, el Papa me pregunto otra vez: «¿Es realmente suficientemente claro?» Yo respondí que sí. Quien conoce los teólogos no se asombrará del hecho que, sin embargo, después hubo quien mantuvo que el Papa había prudentemente tomado distancia del texto.





terça-feira, 7 de fevereiro de 2017

O relator LGTB da ONU restringe liberdade religiosa e de expressão


Vitit Muntarbhorn ya ejerce como relator de la ONU para los LGTB

Javier Lozano, Religionenlibertad, 7 de Fevereiro de 2017

Vitit Muntarbhorn ya ejerce como relator especial de la ONU para los LGTB, puesto creado para luchar supuestamente contra la violencia contra este colectivo pero que desde un principio se ha demostrado como un elemento más para seguir imponiendo la ideología de género en el mundo.

Este abogado tailandés ha empezado su andadura no como un experto independiente, tal y como define su cargo, sino más bien como un «activista» LGTB, que es lo que ha sido durante estas últimas décadas, confirmando así los peores augurios de las decenas de países que se opusieron a su nombramiento, entre los que se encontraban todo el continente africano, Rusia, India o China, entre otros.

La semana pasada Muntarbhorn ofreció una conferencia en la que hizo un esbozo de la estrategia que seguirá durante los próximos tres años. Tal y como recoge Friday Fax, en la sala estaban presentes decenas de activistas, delegados de la ONU y miembros de países abiertamente aliados de la agenda LGTB del abogado tailandés. No estuvieron presentes, sin embargo, ninguno de los estados que se opusieron a la creación de este cargo para así evitar dar legitimidad a una acción aprobada con una división total de los miembros de Naciones Unidas. Tan sólo asistió un representante del Transatlantic Christian Council, que con una sola pregunta logró que el nuevo relator mostrase sus verdaderas intenciones.

Adiós a la libertad religiosa y de expresión

Henk Jan van Schothorst preguntó sobre el conflicto que se da entre el derecho a la libertad religiosa y los llamados derechos LGTB. Muntarbhorn dejó muy clara su opinión y la línea que puede seguir la ONU en el futuro: la libertad religiosa debe supeditarse a los derechos LGTB.

Los grupos LGTB se han mostrado encantados
con el nombramiento del abogado tailándés en la ONU
«Hay algunos derechos absolutos», dijo el relator especial de la ONU, «pero hay otros que no lo son». Y añadió que «la libertad de expresión y religión» no son absolutos y podrían ser reducidos si es necesario para garantizar otra serie de derechos, en este caso los del lobby LGTB.

De esta manera, se muestra coherente con lo que ha defendido siempre pues fue uno de los principales autores de los Principios de Yogyakarta, documento primordial para el lobby LGTB en el que justamente se exigía que el derecho internacional obligue a implantar derechos especiales a este colectivo aunque para ello haya que socavar otros como el de la libertad de expresión y de religión.

Las religiones deben adaptarse a la ideología de género

Además, en su intervención Muntarbhorn instó a las principales religiones a sacrificar sus creencias para adaptarse a estos nuevos «derechos humanos» que defiende. «Me gustaría abrir la puerta a una comprensión e interpretación humana de la religión, versada en la conexión con los derechos humanos».

Además, añadía su deseo de comprometerse con el «corazón de la religión sin que la mitología se sobreponga» a lo que él considera el centro de estas creencias. Y habló de culturas que acogían la homosexualidad y la transexualidad.

Todo empieza con la «ley colonial»

La cuestión, afirmaba Muntarbhorn, es que los problemas morales acerca de las prácticas homosexuales son un fenómeno reciente que deriva de la «ley colonial». «Más recientemente, en el derecho colonial, o en el resto de leyes coloniales, los homosexuales estaban criminalizados, eran considerados delincuentes, a pesar de que previamente no eran criminalizados», explicaba.

Precisamente, el relator de la ONU utiliza el término colonialismo para denunciar todos los males de los LGTB, resultando curioso que el Papa Francisco lleve años denunciando «el colonialismo ideológico» con el que se está intentando implantar los postulados que defiende Muntarbhorn en los países de África o Asia que se resisten a destruir la familia.

Objetivo número uno: la educación y los niños

El otro aspecto fundamental para la ONU pasa por los niños y la educación, un factor que se ha demostrado clave para la ideología de género.

Publicidad sobre menores transexuales colocada
en las marquesinas del País Vasco y Navarra
En su declaración, habló de la importancia de la educación de los niños para que puedan «nacer y ser criados desde una edad temprana» con las actitudes correctas hacia la orientación y la identidad sexual.

También en el ámbito de la salud pidió a la comunidad médica que condene cualquier tipo de terapia o ayuda a las personas con atracción no deseada a personas del mismo sexo.

La importancia de Estados Unidos

A la hora de dar apoyo a este nuevo cargo habrá que ver la posición que tome al respecto la administración Trump, pues Estados Unidos es el principal donante de la ONU y durante los dos mandatos de Obama ha sido el gran impulsor de la ideología de género en este organismo, de ahí su impaciencia para que el nombramiento del abogado tailandés se produjera antes del cambio de gobierno.

Nikki Haley ha sido la elegida por Trump para el cargo. La hasta ahora gobernadora de Carolina del Norte es una declarada provida aunque se ha mostrado favorable a la «regulación» del matrimonio homosexual. Sin embargo, es una defensora acérrima de la objeción de conciencia y de la libertad religiosa como derechos fundamentales a proteger.





domingo, 5 de fevereiro de 2017

«As Forças Armadas vão ficar reduzidas a mestres e doutores»?


João José Brandão Ferreira, Oficial Piloto Aviador

A coisa vem de trás.

Começa aí por meados dos anos 80 do século passado.

Os fumos de «glória» do 25 de Abril já se tinham ido há muito, tendo a Instituição Militar saído completamente ferida e rebaixada da descolonização e do «PREC».

O 25 de Novembro ficou a meio (ou nem isso) e as feridas levam tempo a sarar.

Algumas nunca saram.

As Forças Armadas ficaram de mal consigo próprias e com a Nação. E esta com aquelas.

Nunca ninguém quis admitir isto.

*****

Extintas as escolas industriais e comerciais – erro imperdoável que ainda não foi reparado – quis fazer-se de toda a gente um licenciado numa área qualquer. Pois não temos todos nós direito a tudo e não somos todos iguais?

Está até, na Constituição…

Como entretanto o Ministério da Educação implodiu e foi sendo ocupado por sucessivas vagas de gente dificilmente adjectivável, a qualidade do ensino e dos professores; a disciplina nas escolas; a avaliação; a estabilidade dos programas e dos compêndios, da pedagogia, e as próprias infraestruturas, caíram a pique.

Deixou de haver escola para haver choldra.

Daí para cá poucas melhorias houve, apesar dos sucessivos orçamentos de novos – ricos atribuídos ao sistema – um poço sem fundo! [1]

Parece que rendia votos e apaziguava consciências.

Por isso é risível (se não fosse trágico) a tão apregoada qualidade das actuais gerações que brotam do sistema, baptizadas, sem água benta, das «mais bem preparadas de sempre»!

Apregoam isto com ar sério e não dei conta, até agora, de nenhum filho d’algo que o rebata.

Entretanto o «negócio» do ensino disparou, sobretudo nas áreas das ciências sociais (que só exige «papel e lápis»), sem que os poderes do Estado o tentassem regular, assistindo-se apenas a uma inquinada discussão ideológica sobre o ensino privado e o público…

*****

O ensino militar, apesar de tudo, resistiu muito melhor (pondo de lado o que se passou nas escolas militares em 1974/75…).

Afastados das lides culturais e até dos avanços na guerra convencional, por via das longas campanhas contra subversivas no Ultramar Português entre 1961 e 1974, foi preciso um esforço de reconversão enorme logo que a estabilidade institucional se foi ganhando a seguir aos eventos ocorridos em 25 de Novembro de 75.

Esse esforço fez-se e foi notável.

A Força Aérea (FA) e a Marinha recuperaram mais facilmente do que o Exército.

A FA porque teve um notável Chefe de Estado-Maior (o general Lemos Ferreira) que impôs uma dinâmica difícil de imitar; a Armada porque foi o Ramo menos afectado pela guerra e porque manteve sempre uma presença e ligação à NATO.

O Exército por ser o Ramo mais causticado pelo conflito e pelo PREC; por ter um número de efectivos superior; ser tecnologicamente mais atrasado e, até, por dominar menos a língua inglesa, teve mais dificuldade em «dar o salto».

Mas a Instituição Militar – não por acaso, por causa das suas características – no seu todo andou à frente do ensino civil, coisa que a generalidade dos próprios militares, incluindo as suas chefias, nunca deu conta (os militares acabam sempre por ser vitimas deles próprios…).

Deu-se, «naturalmente», sobretudo a partir da publicação da Lei de Defesa Nacional e das FA, em 1982, um auto rebaixamento dos militares e uma sobranceria por parte da chamada intelectualidade civil no âmbito das mais – valias académicas, facto que era exacerbado pelas forças políticas do «centrão» que nunca perdoaram a existência do Conselho da Revolução e os dois Pactos MFA/Partidos.

O PCP, apesar da sua prudência (enquanto minoritários), nunca reconheceu nada que não se paute pela sua cartilha, e da extrema-esquerda nem vale a pena falar por via dos seus preconceitos, estereótipos e militância contra tudo o que cheire a fardas ou tenha a palavra «militar».

Daqui à questão das «equivalências universitárias» foi um passo (questão que nunca se tinha colocado até 1974).

Convenhamos que até poderia haver vantagens em ter este assunto harmonizados entre militares e civis, mas o que se veio a verificar foi a tentativa de invasão do ensino militar pelo ensino civil, chegando-se ao ponto de ter havido uma tentativa de colocar um catedrático civil como uma espécie de Reitor do Instituto sito em Pedrouços, onde entretanto se agruparam os cursos de formação e promoção comuns aos três Ramos das Forças Armadas (e, nalguns casos, a GNR)! [2]

A adopção dos cursos de Bolonha veio dar mais um sério abalo em todo o conjunto.

Pelo meio passaram-se as mais desvairadas coisas: pensar que um oficial das áreas de engenharia ficaria melhor á frente de uma Academia Militar; privilegiar áreas de ensino civil em detrimento das disciplinas militares; querer que um cadete passasse a ser um super-homem académico; fazer cortes a esmo na preparação física e no desporto militar; querer impor limites aos tempos lectivos dos militares e «adequá-los» aos mesmos das universidades civis – como se pudesse haver alguma comparação possível; haver preocupações em dar equivalências civis, para que os futuros oficiais, pudessem encontrar emprego noutras áreas quando abandonassem o serviço activo – como se alguma vez tenha passado pela cabeça de alguém ter essa preocupação relativamente a um outro curso/profissão qualquer, etc.

Um etecetera penoso.

E foi assim que, pouco a pouco, se chegou ao ponto de ser «bem», que um militar, numa altura qualquer da sua carreira, conseguisse um grau académico civil. Os regulamentos de avaliação de mérito dos militares passarem até, a ter isso em conta.

A exigência de nas escolas superiores militares, passar a haver uma percentagem de professores «doutorados», também contribuiu para esta «febre».

E, claro, com mais um canudo na mão, sempre se pode iludir a ideia feita em áreas de pensamento da sociedade, em que um militar é assim uma espécie de bípede quadrado, aparentado à família dos asnos…

Ora tudo isto não é mais do que um sintoma profundo do descalabro em que o conceito da «profissão» militar caiu na generalidade da população, o que foi exponenciado pelo desprezo dos políticos, a falta de isenção, silêncio, incompetência e acinte da comunicação social; o fim do serviço militar obrigatório, a ignorância cívica e a falta de consciência colectiva de qualquer tipo de ameaça externa.

Não quero, porém, ser mal interpretado: obter um grau académico é, à partida, uma mais-valia quer em termos individuais, quer colectivos.

Mas as coisas têm que estar em perspectiva e não se deve perder de vista os objectivos fundamentais dos oficiais e sargentos das FA, que é o de serem capazes de comandar unidades militares num teatro de operações, onde e quando necessário e em quaisquer circunstâncias.

Ora isto não se coaduna com diletantismos académicos e logo numa instituição onde os seus quadros já passam, desde há décadas, cerca de um quarto do seu tempo de serviço ocupados em cursos – o que não tem paralelo em qualquer outra profissão…

Ou seja os graus académicos civis devem ser vistos como complemento das exigências e necessidades militares, ou para cumprir um objectivo específico e sempre devidamente orientados.

*****

A Instituição Militar, como tal, tem-se mostrado perfeitamente incapaz de reagir a toda a degradação que a afecta (e à Nação) e os militares confundem amiúde, causas e efeitos mantendo a «ordem de batalha» constantemente desactualizada.

Finalmente, a constante redução de efectivos, perspectivas de carreira, fecho de unidades; falta de sistemas de armas; redução de capacidades, competências, retribuições, etc., têm tido efeitos devastadores sobre o moral de todos passando-se, a nível das chefias, ao modo de sobrevivência e ao nível do quadro permanente, ao modo do «salve-se quem puder».

E que outras alternativas existem para quem não tenha quem os defenda; não haver navios para navegar, aviões para voar e homens para comandar? Dinheiro para exercícios, para a assistência social, para… nada?

Por isso, caros leitores e compatriotas, um dia destes verão o que resta da tropa, quase todos transformados em doutores, mas ninguém que saiba dar um tiro.

Também, que diabo, como é que se pode ter alguém que saiba dar um tiro, se nem sequer há munições?


[1] Muito à custa do orçamento da Defesa e Segurança…

[2] Chamemos-lhe apenas Instituto, pois já não há paciência para referir o nome completo, tal tem sido a profusão de mudanças!




Uma sociedade que abdica ou uma sociedade que se dedica?


João Paulo Barbosa de Melo, Observador, 31 de Janeiro de 2017

Temos direito a morrer pacificamente, com o mínimo de dor, e a sociedade deve proporcionar os meios para isso. Mas teremos o direito de pedir (ou de exigir) que acabem activamente com a nossa vida?

Ninguém (ou quase ninguém) quer morrer. O que queremos é levar uma vida longa e feliz e todos temos direito a ambicioná-lo! Quando se pensa no final da vida, temos medo. Por muita fé e por muita esperança num depois que tenhamos, a morte, em especial a nossa e a dos nossos, assusta-nos. E a morte em sofrimento físico ainda assusta mais.

Partindo do princípio de que ninguém tem a obrigação de morrer em dor física insuportável, qual deve ser a resposta da sociedade perante a probabilidade de isso acontecer?

Os caminhos são fundamentalmente dois. De um lado, a sociedade pode organizar-se para que cada um tenha o máximo auxílio (médico e não só) para reduzir ao mínimo o sofrimento físico na hora de morrer, mesmo que essa intervenção acabe por ter o efeito colateral de encurtar o tempo de vida. Esta é a resposta de uma sociedade que se preocupa, uma sociedade fraterna. No extremo oposto, a sociedade pode oferecer ao que sofre (ou teme vir a sofrer) um meio para acabar com a sua vida quando entender que é chegada a hora. É a resposta de matriz liberal em que o valor preponderante é o da liberdade do indivíduo: se o suicídio é a escolha daquela pessoa, então temos de respeitar a sua vontade – se a pessoa quer acabar com a sua vida, deve poder fazê-lo e a comunidade não tem nada com isso.

Que caminho colectivo queremos trilhar em Portugal? A resposta a esta questão diz muito sobre a sociedade que queremos ser.

O reflexo humano ancestral perante alguém que se tenta suicidar – normalmente no meio de grande sofrimento emocional, psicológico ou físico – é, e sempre foi, salvar aquela pessoa, fazer o possível por demovê-la, tentar perceber o seu problema e dar a mão. Quantas pessoas conhecemos que quiseram acabar com a vida e que, ajudadas, acabaram por se arrepender e viveram vidas felizes e longas? Se virmos alguém a preparar-se para saltar de uma ponte, se nos cruzarmos com alguém que acabou de ingerir uma dose letal de comprimidos ou que ameaça apontar uma arma à cabeça, o que fazemos? O que achamos que devemos fazer? Deixar andar? Ficarmo-nos por considerar que «se foi isso que esta pessoa decidiu em liberdade, então o problema é dela e não meu»?

Ninguém pode ser obrigado a fazer tratamentos e intervenções que prolonguem artificialmente a vida, aumentando o sofrimento físico às portas da morte. Mas também não é fácil a uma família respeitar a vontade do familiar moribundo e recusar manobras encarniçadas só para tentar mais umas horas de vida. E se essas decisões são difíceis e pouco claras para as famílias, não o são menos para os profissionais de saúde. Os médicos defendem primordialmente a vida e nenhum médico tem o direito de obrigar o seu paciente a viver um pouco mais, se for apenas para morrer em maior sofrimento.

Temos direito a morrer pacificamente, com o mínimo de dor física, e a sociedade tem o dever de proporcionar activamente os meios para isso. Mas teremos o direito de pedir (ou de exigir) que acabem activamente com a nossa vida para acabar com o nosso sofrimento? E será que a sociedade tem o dever de acabar com a vida daqueles que não querem mais viver? Se acharmos que sim, em que condições vamos permiti-lo? Com que cautelas e travões? Para que idades? Com que prazos? Para que casos concretos? Com que hipóteses de voltar atrás se nos arrependermos? Há caminhos que, uma vez abertos, não sabemos até onde nos levam.

O tema é muito fundo e merece uma reflexão séria, feita com tempo, que vá para além dos «soundbites» para a praça pública, que ultrapasse as divisões bons-maus ou esquerda-direita, que se liberte da arengada habitual dos «progressistas» e dos «retrógrados» e, já agora, que a Igreja não seja metida nisto. É uma discussão a que todos somos convocados porque define o que queremos que a nossa sociedade seja: uma sociedade que abdica ou uma sociedade que se dedica?

Professor da Universidade de Coimbra






Eutanásia: Quem é que decide afinal?



Afonso Espregueira, Observador, 1 de Fevereiro de 2017

A eutanásia não é uma escolha do doente, antes é uma decisão da sociedade, que através da lei define quem pode a ela recorrer, e do corpo clínico, que decide nos casos concretos se estes estão na lei.

A eutanásia é a última expressão da vontade e liberdade do doente. Numa situação de sofrimento insuportável e doença incurável, o doente deve poder decidir pôr fim à sua vida e pedir a morte assistida. É um legítimo exercício da sua autodeterminação, a derradeira manifestação da sua autonomia.

É nesta simples mas poderosa ideia, que coloca a liberdade como o valor máximo (mesmo acima da vida), que se baseiam os defensores da eutanásia. Mas será mesmo assim? Será a eutanásia o exercício derradeiro da liberdade?

Julgo que não. Julgo que, na verdade, não está em causa a liberdade do doente e que a decisão pela eutanásia, em última análise, não é sua, mas de terceiros. E, como ninguém pode decidir tirar a vida a outrem, a eutanásia não é admissível.

É importante notar que a eutanásia será sempre enquadrada numa lei, onde se definirão as situações em que esta é permitida. Podem ser termos mais ou menos concretos ou subjectivos, mas será sempre o legislador, em representação da sociedade, a determinar que casos podem ou não ser sujeitos a eutanásia. Para além disso, haverá um corpo clínico a ajuizar a situação específica do doente, decidindo se a lei é aplicável ao seu caso e portanto se o pedido de eutanásia deve ou não ser respeitado.

Quer isto dizer que certas pessoas que requeiram a eutanásia verão o seu pedido rejeitado e, poder-se-á dizer, à luz do que foi dito acima, a sua liberdade coarctada. Alguns doentes (de primeira ou de segunda, depende do ponto de vista) terão a «morte assistida» como querem; outros não.

Mas se assim é, saímos da esfera da liberdade individual. Afinal, a eutanásia não é uma escolha do doente, antes é uma decisão da sociedade, que através da lei define quem pode ou não recorrer à eutanásia, e do corpo clínico, que decide nos casos concretos se estes estão ou não dentro da lei.

Assim, legalizar a eutanásia trata-se, na verdade, de permitir que a sociedade, personificada na equipa médica, decida quem vive e quem morre, o que é extremamente perverso.

A menos, claro, que em nome da coerência, os defensores da eutanásia argumentem que esta é legítima em qualquer situação, que qualquer pessoa a pode pedir e que o seu pedido será sempre atendido, independentemente do seu estado de saúde. Porém, aqui já não estamos no campo dos casos extremos de que tanto nos falam e que a todos enche de compaixão. Estamos, sim, perante uma apologia do suicídio. E isso não é de todo admissível.

Primeiro subscritor da petição «Manifesto por um verdadeiro debate público sobre a Lei da Procriação Medicamente Assistida e gestação de substituição»



sábado, 4 de fevereiro de 2017

Carta de Hilarion a Alis, endossada hoje à Assembleia da República



José Miguel Pinto dos Santos, Observador, 1 de Fevereiro de 2017

Agora que não há dor que não possa ser dominada com cuidados paliativos adequados, fica a dúvida se o que se pretende não será o «progresso» para uma sociedade sem piedade para com os mais fracos.

Hialarion era camponês, casado e, tudo indica, bom pai de família. Provavelmente era natural da região de Oxirrinco, uma cidade do Médio Egipto. Como falava grego é possível que fosse descendente de colonos helenos, mas não é certo, porque após três séculos de governo Ptolemaico o grego era língua franca no Egipto. Podemos supor que não tinha uma vida fácil porque a certa altura teve de ir trabalhar, por uns tempos, para a longínqua Alexandria. De lá escreveu, ou pediu a um escrivão que escrevesse, a seguinte carta para a sua mulher Alis:

[recto] De Hilarion para Alis, sua irmã, saudações sinceras, e também para os meus caros Berous e Apollonarion. Fica a saber que ainda estamos neste momento em Alexandria. Não te preocupes se, quando os outros regressarem, eu permanecer em Alexandria. Te imploro e suplico que cuides bem do menino. Assim que recebamos o salário te o enviarei. Se deres à luz, felicidades!, e se for rapaz deixa-o viver. Se for rapariga expõe-na [εκβαλε, literalmente: deita-a fora]. Disseste [através de] Aphrodisias «Não me esqueças». Como te poderei esquecer? Peço-te portanto que não te preocupes.

Vigésimo nono ano de César [1 a.C.], Pauni 23
[verso] Entregar a Alis da parte de Hilarion [Oxyrhynchus Papyrus, 744]

Esta missiva demonstra que Hilarion era um amor de pessoa: trabalhador esforçado e flexível, ternurento para com a mulher, pai preocupado pelo filho, que não esquece de enviar saudações para os vizinhos. Apesar de ser excelente pessoa, Hilarion era um homem do seu tempo: cortês e prestável para quem lhe é útil, como a mulher que lhe cuida da casa, o filho que lhe cuidará do futuro, e os vizinhos que lhe asseguram boa vizinhança, mas implacável para quem não lhe serve para nada, como uma filha que só lhe traria despesa. Esta era a visão que os homens tinham dos homens antes de serem influenciados pela doutrina de Cristo: ou instrumentos ou empecilhos do seu bem-estar, que merecem viver, os primeiros, e que podem ser descartados, ou morrer, os segundos. Também era esta a visão que a sociedade tinha do Homem, e que se encontrava espelhada nas leis e costumes um pouco por todo o mundo, na lei romana e nos códices egípcios, no consuetudinário japonês e na legislação chinesa, e que permitiam o aborto, o infanticídio, o golpe «de misericórdia», a exposição de velhos e enfermos, a exterminação dos homens «não-pessoas» ou «não-humanos» e, em não poucas civilizações, o sacrifício humano.

Não sabemos se a destinatária deu à luz e se terá seguido as indicações do marido. Mas depois de receber esta carta Alis deve tê-la deitado para o lixo. Foi de facto numa lixeira do primeiro século da nossa era onde Bernard Grenfell (1868–1926) e Arthur Hunt (1871–1934) a descobriram no final do século dezanove, muito a tempo de ser endossada hoje à Assembleia da República, agora que esta se prepara para debater a eliminação dos doentes terminais que, inúteis produtivamente, são também um peso para o orçamento do Estado e um transtorno para a família. Como a alegada compaixão por quem sofre atrozmente não tolhe, agora que a medicina reclama que não há dor que não possa ser dominada com cuidados paliativos adequados, fica a dúvida se o que se pretende não será o «progresso» para uma sociedade sem piedade para com os mais fracos. O propósito deste endosso é perguntar: senhores deputados, querem mesmo criar uma sociedade mais solidária? E é através da eliminação dos mais fracos que o querem fazer? Depois de legalizarem o aborto e, agora, o golpe «de misericórdia», o que virá a seguir, o infanticídio ou o sacrifício humano? Querem mesmo impor, passo a passo, a crueza do pré-Cristianismo aos portugueses?